Uno de los temas que ha cobrado identidad propia, durante la recientemente pasada campaña electoral, ha sido la reivindicación de la participación ciudadana como elemento nuclear del diseño de la práctica institucional que viene.
Sin duda, la aceptación, de facto, de que sin voluntad y recursos no es posible desarrollar eficazmente iniciativas que busquen la implicación activa de la ciudadanía ha derivado en un compromiso, implícito, de crear una concejalía específica centrada en la programación transversal de las políticas participativas. El otro gran argumento, extendido como una mancha de aceite, consiste en que, de algún modo, los engranajes de la nueva maquinaria de la “participación real” no deben nada al pasado reciente. Desde mi punto de vista, la primera idea representará el afianzamiento de un proceso abierto y constante; la segunda idea, por el contrario, niega la realidad.
Pocas personas conocen que, en una evaluación del todo informal, en el marco de la última Comisión de Seguimiento de las Asambleas de Barrio en Laudio celebrada en enero de 2011, una persona participante en los procesos señalaba la necesidad de autocrítica ciudadana al referirse a la escasa implicación de la ciudadanía en los foros que, expresamente, se habilitaron para debatir el documento de la revisión del PGOU para la Aprobación Inicial. A pesar de todo, hay algunos aspectos que, ya en perspectiva y así se ha contemplado en el informe final de evaluación del proyecto de las asambleas, es imprescindible mencionar para que, de este modo, podamos valorar si, efectivamente, la participación realmente existente durante estos dos últimos años ha sido “real o irreal”, “útil o inútil”.
Solamente mencionaré cuatro datos para el debate: 1.- Durante los años 2009 y 2010 se han desarrollado 19 foros específicos para abordar diversas temáticas -incluidos el PGOU, el Multiusos, las antenas de telefonía móvil y el Centro Social de Landaluze-, al margen de los foros institucionalizados, de los foros sectoriales, y de las innumerables reuniones mantenidas entre la corporación y Berlojatzen fuera de las redes cooperativas abiertas; 2.- Como resultado de las deliberaciones, en el marco de las Asambleas y de la Comisión de Seguimiento de las mismas, el capítulo de inversiones del año 2010 ha destinado cerca de un 60% a obras en los barrios; paralelamente, no olvidemos que, en los presupuestos participativos más avanzados esta cifra no suele superar el 20%; 3.- El debate ciudadano sobre la revisión del PGOU ha dejado aspectos que deberán ser valorados en el marco de la propia revisión, referidos a la necesidad de analizar la volumetría de las nuevas edificaciones previstas en el plan y el crecimiento residencial, la salvaguarda de Zabale de la expansión industrial, la accesibilidad a barrios como Arraño o Iturriaga, así como la política de realojos en el horizonte de la renovación urbana; 4.- Por último, el debate realizado en torno a la definición de los usos del futuro Teatro y Sala Multiusos ha alumbrado tres criterios relevantes: la necesidad incuestionable de una Sala de Encuentro, como extensión de la cafetería, que preste servicio abierto al barrio y al municipio; la apuesta por diversificar las opciones culturales desde la coexistencia del Multiusos (música y artes escénicas) con las instalaciones del parque (talleres culturales); y, relacionado con este criterio, la posibilidad de abrir un debate -añado yo- que permita evaluar la redensificación a la baja del proyecto.
Podrá haber, sin la menor duda, valoraciones diferentes sobre el trabajo realizado pero, en mi modesta opinión, ésto no puede ser señalado de otro modo que como un ejemplo, sostenido en el tiempo, de participación real.
Epi Zurimendi